30 ene. 2008

¿Alguien puede relacionar la desnudez con las sillas de ruedas y los centros comerciales?

María y Ana no eran solo prostitutas, eran amantes de la caridad, ya de pequeñas aprendieron a estrechar a los niños la mano por el bolsillo a cambio del dinero del bollycao, con las pesetas, hacían cosas fantásticas, obras de santas. Al abuelo esas almoadillas para la dentadura, a la yaya una elegante funda de plastico de cocodrilo verde botella para sus verdes gafas, a la mama unos pases para el bingo y al papa un precioso mechero dorado con la virgen de las angustias al dorso, que con sus brazos siempre abiertos parecía querer abrazar a estas dos pequeñas angelitas.

Juntas, vieron cómo los calcetines se les quedaban pequeños ,las faldas cortas y los sujetadores estrechos. A Ana mas que a María, y cómo los estrechones del bolsillo pasaron a más ,y los veinte duros se convirtieron en billetes de euro. Viaje a las vegas para la mama ,operación de cirugía ocular láser para la yaya y rolex de oro para que se vea el copete cuando el papa ofrece fuego con su mechero de la virgen de las angustias ,que incrédula seguia con los brazos abiertos intentando comprender...

El abuelo, el pobre abuelo viajaba cadaver en la maleta que a duras penas escondían Ana y María en el hueco de la escalera de la 3a planta del centro comercial.

"Quiero ser uno con la creación" quizas fuera por los porros ,pero cada vez que le preguntaban al abuelo que qué queria, este, aplastado en su silla de mimbre con la mandanga en los labios dejaba escapar una bocanada de humo espeso mientras decía muy serio "quiero ser uno con el universo" y seguía con la mirada el humo hasta que se devanecia en la castañeante luz de la candela. Despues decía ,muy enérgico "¡y chocolatillo pal abuelito!" y cantaba muy divertido "¡me sabe a humo ,me sabe a humo ,los cigarritos que yo me fumo!" las niñas tocaban las palmas y se divertian hasta muy tarde. Los niños del barrio, que ya no jugaban a las estampitas, les alargaban el chololate.
Sentian haberle fallado al abuelito, y esa expresión que tenía muerto en su silla de mimbre hizo que a María, que tenía menos tetas pero más cabeza, se le iluminaran los ojos y dijera "Ana ,mete al abuelo en una maleta" "nos lo llevamos a que sea uno con el universo".
Ana prefería callar, incluso ahora que iban camino a una tienda de minusválidos habiendo dejado la maleta escondida prefería callar, siempre confió en María.

"Necesitamos una silla especial" el tendero no dejó terminar a María "Sí especial, claro, la gente los llama minusválidos, pero yo se que son especiales" María miraba el suelo mientras se sacaba las bragas del culo.
"Mira gilipoyas ,dejalá terminar" Increpó Ana al hombrecillo. "Una silla que pueda llegar a todos sitios, que nunca se pare contra ningún obstáculo, la silla de un campeón.." terminó María ,"hable ahora" y sacudió en el hombro al tio.
Tierra tragame parecía decir el tendero mientras engullía una bocanada de saliva que sin saber donde mirar miraba las puntitas de sus dedos que trataba de unir a la altura del ombligo, "les tengo que dar largas ¡pero ya!"parecían decir esas gotitas de sudor que salían de su incipiente calvicie. Como un resorte dejó marchar su brazo y señaló la puerta, con su dedito enrojecido.

"quieres que nos vayamos? preguntó Ana mientras balanceaba una silla de ruedas con la punta del pié.
"¡¡¡Nnnnno!!!"consiguió responder el tendero."eeeesa es la mejor silla!"

Sobre el marco de la puerta había algo especial, coronada con una bandera olímpica y cinco aros una silla de ruedas roja brillante cómo el sol, con un moderno apéndice que en su parte delantera agarraba una tercera y poderosa rueda.
"hóstias, es to tunning" dijo Ana mientras se tiraba del escote.
"me la pone" dijo María.
Para salir del bollo, el tendero la bajó sin más, y metió los 4000 euros en caja sin decir ni mu, las chicas salieron por la puerta con la silla ,que chirriando sus imponentes ruedas de fibra de carbono parecía reir.
No cogieron ni el ticket.

Calladas, dejaron que dieran las 8, sentadas junto a la escalera mecanica,con la silla tunning cubierta por una sábana blanca que tapaba un bulto, y la maleta abierta tirada en un rincón.
Frente a ellas una cuesta de 30º que bajaba 3 plantas hacia la salida de atrás del centro comercial, donde empezaba a extenderse un manto de cesped con algunas calvas hasta el infinito. Bañado de contrastes dorados y ocultando poco a poco al inmenso sol cansado, estaba allí sin duda la más profunda expresión del ocaso.
"Ahora"
Ana empezo a murmurar muy bajito. "me sabe a humo me sabe a humo, los cigarritos que yo me fumo..."
María coloca la silla frente a la escalera, agarra fuerte un extremo de la sabana y Ana empuja con el pie fuerte la silla escaleras abajo. Las dos tocan las palmas.

La silueta de un cadaver desnudo montado en una silla tunning a toda velocidad atraviesa cómo una centella el hall del centro comercial y sale disparado atravesando las puertas hacia el campo infinito. Casi místico, allí va el abuelo hacia el sol.
A ser uno con el universo.

1 comentario:

Diego dijo...

En mi cole no vi muchachas de estas, será porque yo comía phoskitos. xD